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Teniendo en cuenta que se trata de un tema complejo y muy amplio, hemos dirigido nuestras reflexiones fundamentalmente al momento de encuentro entre lo pulsional infantil y lo genital, a la pubertad, dejando sin desarrollar los avatares del intento de armonización entre ambos pulsionales a lo largo del proceso adolescente que, como sabemos, marcan los destinos de acceso a la genitalidad adulta.
Vamos a partir de una serie de interrogantes que tienen un núcleo común.
Cuando la sexualidad genital llega, ¿cuál es el devenir de la sexualidad infantil? ¿Existe un continuum entre lo infantil y lo puberal? ¿se puede entender lo puberal como culminación o acabamiento de la sexualidad infantil o, habría que postular una dis-continuidad entre estos dos tiempos, debido a la presencia de algo radicalmente nuevo? ¿sería la pubertad un resurgir póstumo de los procesos primarios —tal y como Freud señala— o bien, es preciso contar con elementos psíquicos diferentes de los que se juegan en las fases pregenitales? Es decir, ¿la experiencia sexual de la pubertad debe su efecto traumático a un incremento de la excitación, al reactivarse en el après-coup huellas mnémicas de vivencias que, por haber tenido lugar «demasiado pronto», quedaron aisladas del proceso de resignificación psíquica?
Intentaremos ir dando respuesta a estas cuestiones.
En el recorrido que sigue la sexualidad infantil se van constituyendo las sucesivas organizaciones libidinales, pero en medio de excitaciones intensas, muchas veces cargadas de angustia, debido a lo caótico y anárquico de las