You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
En principio hay que decir que frente a la negación de la existencia de la sexualidad infantil, el problema más bien es que en la infancia todo está sexualizado. Sólo poco a poco conseguiremos ir desexualizando la vida y el pensamiento. La neurosis supone una persistencia excesiva de la sexualidad infantil en nuestras vidas. Pero tiene algunas características diferentes de la adulta, lo que contribuye a hacerla menos reconocible. Sin pretender abarcar todas sus peculiaridades, podemos decir que está dominada por lo edípico, está más ligada a representaciones de cosa, es más polimorfa, más autoerótica, la bisexualidad está más presente, remite a objetos parciales, está más ligada al órgano y a los niveles sensorio-motrices y por tanto está menos mentalizada que en los adultos y por supuesto que en los adolescentes.
Sabemos con que intensidad la sexualidad infantil es reprimida en el inconsciente. A ello contribuye la existencia de dos tiempos en la represión. La represión primaria, ligada a representaciones primordiales o protorepresentaciones, base de la pulsión y de una importancia extraordinaria, mal valorada habitualmente en la actualidad, no así por Freud. Otro es el tiempo de la represión secundaria. Entre ellas media la creación de representaciones de palabra. Esto es, ha habido un conocimiento, una comprensión de alto nivel, sobre la que se instaurarán los procesos neuróticos. Para ello ha sido necesario resignar la pulsión a la satisfacción a través de la simbolización que supone la adquisición de cultura, de los síntomas neuróticos y de los sueños, durante el dormir.
El comienzo de la latencia es el tiempo de los terrores nocturnos, producidos desde los fantasmas emergentes de una vida sexual condenada a ser desconocida y olvidada. Abandonado a su suerte, con una vida pulsional desbordante, el niño no acepta veces a dormir porque no controla a los padres y porque no acepta a mandar al mundo de los sueños la satisfacción de sus aspiraciones edípicas.
Cuando vem