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El azul también tiene poderes mágicos —aseguró—. Mirad un arrecife y decidme si miento. El azul embiste contra el arrecife ¿y qué color se desprende? ¡El blanco! ¿Y cómo lo consigue?
La cualidad poética de estos párrafos, la ensoñación que nos evoca el poder «mágico» del color azul en su embestida contra el arrecife y el color blanco desleído, sin azul… me permiten un inicio.
De algún modo de empuje vamos a tratar, ya sea el de la pulsión —dirigida hacia alguien o hacia algo—, ya sea el del objeto. Ambos, pulsión y objeto, presentes y potencialmente unidos desde el principio de la vida psíquica, pienso, e interviniendo de modos diferentes en su elaboración y en su estructuración, aun aceptando diferencias conceptuales en la teoría y en la práctica psicoanalítica.
He reunido cuatro conceptos, pulsión, objeto, memoria y pensamiento. Para mí el psicoanálisis en los adultos o en los niños y los adolescentes, sólo se nos hace posible por ese nexo que, desde una «historia singular» de cada individuo, consigue articular diferentes subjetividades. Sin la memoria y el pensamiento no podríamos nombrar a la pulsión y al objeto.
A su vez sabemos que la práctica y la teoría psicoanalítica difieren si se trata de desvelar un sentido —reprimido, desplazado, negado…—, que implica presencia simbólica, o de dar sentido: ayudar a tolerar y a representar una no-presencia, algo que no puede ser recordado ni pensado. Esta diferencia me