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En este número de la Revista dedicado a la perversión, el lector encontrará en primer lugar dos artículos clásicos que abordan el tema desde distintos y sugerentes puntos de vista.
En «Acerca de la estructura perversa», Willy Baranger y colaboradores intentan resolver la dispersión que existe en el campo psicoanalítico alrededor del uso del concepto de perversión, proponiendo la existencia de una «estructura perversa» que suponen ha sido constituida por el sujeto para evitar la desintegración psicótica.
Se trata de un estudio complejo que examina los diferentes enfoques que habitualmente se hacen sobre la perversión, refiriéndose especialmente a los planteamientos centrados en el fetichismo, el predominio de la angustia de castración y la desmentida como defensa, el narcisismo como perversión manifiesta y el sadismo.
Uno de los puntos centrales del trabajo de Baranger y colaboradores gira alrededor del discurso perverso, al que caracteriza por estar centrado en las distintas formas de la mentira.
En el otro trabajo clásico que rescatamos, «Identificaciones, neonecesidades y neosexualidades», Joyce McDougall plantea que quizá el término perverso sólo pueda aplicarse a las relaciones en las que se impone una fantasía erótica, por la fuerza, a alguien que no consiente o no es responsable. Tiene especial interés su propuesta de llamar «neosexualidades» a los guiones eróticos, complejos e ineludibles que tienen un carácter innovador en lo cualitativo e intenso en lo cuantitativo, buscando la homeostasis libidinal y narcisista. Esta búsqueda se hace a través de un cortocircuito en la elaboración de la angustia de castración fálico-edípica y de la renegación simultánea de los problemas de separación, individuación y sadismo infantil.
También propone el concepto de «neonecesidades», refiriéndose a la sexualidad adictiva que busca aliviar la ansiedad provocada por el desmoronamiento de los procesos de internalización. Para McDougall la sexualidad se convierte en desviada y adicti