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En el Diccionario de M.a Moliner se define como virtual aquello que tiene posibilidad de ser pero no es y como realidad virtual el fenómeno que produce ilusión de realidad.
Lo real de la realidad, siempre matizado desde la subjetividad, viene dado por un saber que desenmascara el engaño, no entra en complicidad con falsas ilusiones, aunque para ello tenga que renunciar a míticos paraísos.
El término Narcisismo remite al mito de Narciso, cuya tragedia consistió en un amor enloquecedor hacia sí-mismo. Amor letal que le condujo a la muerte.
Tragedia, la de Narciso, superior a la de Edipo, ambas se configuran en función de un deseo imposible de realizar.
La tragedia de Sófocles se articula en torno a una ley, un padre, una prohibición, el incesto: «no tomarás a tu madre por mujer, el lugar que ocupa, sólo pertenece al padre». La ley constituye y reconoce al sujeto con libertad de opción, no hay determinismo. Transgresión y culpa se inscriben en el devenir humano.
Edipo ignora que su deseo es justamente el prohibido, sospecha y trata de saber. La tragedia edípica es la de la humanidad en torno al conocimiento y a los deseos imposibles de alcanzar.
Narciso, por el contrario, es el desamparo, sin ley que le proteja, sin prohibiciones, sin padre que le constituya en su identidad, abandonado al vacío bajo la mirada de una madre-ninfa evanescente que, en un primer momento, se siente fascinada por la belleza de su hijo, mirada en espejo de la madre, de la que Narciso no va a poder desprenderse.
La tragedia de ese hijo hunde sus raíces en la posibilidad de existencia a partir de una representación de sí-mismo. Dilema difícil de resolver entre ser en un-Otro o existir.