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Bilbao, 28 de septiembre de 2009
Querido José Luis:
Ya sé que tú nunca podrás leer esta carta, pero yo aun así necesito escribírtela.
Tuve el privilegio de pasar contigo una mañana del mes de abril, no sabíamos que fuera la última, pero de alguna manera los dos lo intuíamos. Hablamos de todo, de lo que nos habíamos divertido juntos en una boda el mes de septiembre anterior, de la aparición de tu enfermedad, de los preparativos que habías hecho para tu muerte, de la que eras plenamente consciente de su proximidad, y pudimos hablarlo con tranquilidad. ¡Así es la vida!, me dijiste. ¿Quién iba a decirme a mí que a los 70 años recién cumplidos esto iba a sucederme? Pero sobre todo hubo una frase que me impactó: «No tengo miedo a la muerte, pero ¡cuánto me fastidia que se me acabe la vida!». Me emocionó y me sigue emocionando.
Los recuerdos se agolpan en mi mente. Pienso en el día en el que te hablé de mi idea de organizar unos intercambios científicos hispano-franceses, en el entusiasmo con el que la acogiste y la dedicación y el ahínco con los que colaboraste con nosotros. Empezamos tímidamente a invitar a varios colegas franceses, a tus amigos, y el éxito que tuvimos nos hizo seguir adelante trayendo a todos aquellos que pensamos que nos podían aportar un pensamiento distinto y original. Comentándolo con distintos compañeros, todos pensamos que fue algo importante, que nos abrió la mente a otras ideas y a otras formas de pensar y entender el psicoanálisis. Poco después comenzaba su andadura el Centro Psicoanalítico del Norte, y todavía hoy, cuando organizamos nuestras actividades, siempre tenemos un sitio de honor para uno de nuestros colegas franceses. Y más recientemente, cuando fuiste presidente de la APM, ¡cómo apoyaste la candidatura de Bilbao para el Congreso de 2012! Ese Congreso al que estamos dedicando tanto esfuerzo e ilusión. ¡Qué pena que no puedas disfrutarlo con nosotros! Ten por seguro que vamos a echarte mucho de menos, ya que podemos decir que