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En su Abrégé de psychanalyse, Freud distingue de manera precisa, a propósito de la posible ruptura de la unidad del Yo, tres eventualidades: las psicosis, las neurosis, y otros estados, más cercanos a las neurosis.
Apoyándose siempre en lo que el mismo Freud ha descrito o enfrentado, autores cada vez más numerosos han planteado el problema de estados clínicamente muy frecuentes y que no pueden ser referidos ni a una posición económica específicamente neurótica, ni a una posición económica específicamente psicótica.
Freud ha partido de su definición del conflicto neurótico para establecer poco a poco distinciones entre diferentes categorías no neuróticas. En un trabajo más desarrollado que yo he podido redactar, por otro lado, me he extendido sobre la evolución de las ideas de Freud a este respecto. La introducción del concepto de narcisismo, la puesta en evidencia del rol del Ideal del Yo, la descripción de la elección del objeto anaclítico, el descubrimiento del papel desempeñado por la frustración, llevan a Freud a describir en 1924 una deformación del Yo, intermedia entre el estallido psicótico y el conflicto neurótico.
Los últimos trabajos de Freud insisten en la escisión y la renegación, que trataremos aquí en todo momento y que hacen alusión a un tipo «narcisista» de personalidad al que no cesaré de referirme.
Por el lado de las neurosis, los autores han descrito estos últimos años cada vez más «personalidades» o «caracteres» que no se encuadran en los criterios clásicos y edípicos de la neurosis. M. Klein ha planteado interrogantes sobre este tema hasta la saciedad y M. Bouvet ha desarrollado particularmente la noción de «relación de objeto pregenital», muy distinta a las economías