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En 1924, Abraham presentó, en su trabajo «Un breve estudio de la evolución de la libido a la luz de los trastornos mentales», un cuadro del desarrollo libidinal combinado con el de algunas funciones del yo, diferenciadas hasta ese momento por la investigación clínica. En este cuadro, denominado desde entonces de Freud-Abraham, la evolución de la libido se coordinaba con la de un yo que se desarrollaba desde la investidura total de la libido narcisista del narcisismo primario, por lo tanto anobjetal, pasaba por diferentes grados de investidura del objeto con las libido narcisista y objetal, en las que adquiría funciones en relación con la fase libidinal correspondiente, hasta la fase genital final donde la investidura por la libido de objeto era también total. Es bien sabido que este objeto se refiere a la representación del objeto externo, ya que en el esquema freudiano el único objeto interno —en el sentido general que tiene el objeto interno en sus respectivas teorías, que es el de interactuar con el yo— es el superyó.
Puede pensarse como general, la apreciación que el narcisismo primario absoluto viene a ser una necesidad interna de la lógica de la teoría de Freud más que una realidad fáctica, un tipo ideal como punto de partida de una serie con fuerte contenido empírico; asimismo sería también un tipo ideal la etapa genital final, de pura investidura del objeto y postambivalente. Esta consideración se refuerza con la postulación de Freud (1915) de un yo del placer puro y de un yo realidad inicial, cuyos inicios temporales no son especificados, pero cuyas funciones son bien diferenciadas así como el progresivo predominio, en el curso del desarrollo, del segundo sobre el primero hasta constituir el yo realidad definitiva.