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El tema de este Simposio, «La melancolía», nos sitúa en múltiples intersecciones de la teoría y la clínica, del genio y de la locura, como muestra la utilización del término, en muy diversos contextos.
El trabajo de Freud de 1915, puede ser considerado clave y preparatorio para el viraje teórico de los años veinte, con toda la apertura hacia la consideración del objeto, de la función del Yo, de la identificación, del auto-sadismo, y de la desintrincación pulsional, presentes en dicho artículo, clave en la obra freudiana, y que abre importantes vías para las teorizaciones de autores postfreudianos que retoman, desde distintos vértices y conceptualizaciones las líneas directrices esbozadas magistralmente en dicho artículo, líneas que han permitido una profundización en los mecanismos presentes en las llamadas nuevas patologías, patologías tal vez tan viejas como el mundo, aunque expresadas según los modos socio-culturales predominantes, más o menos presentes en diversos períodos a lo largo de la historia, cuya atenta lectura suele ser un baño de humildad, cuando creemos descubrir modalidades nuevas, y cada vez más preocupantes del funcionamiento del alma humana.
El enamoramiento, ese estado de enajenación transitoria, que en las derivas pasionales tanto se acerca a la melancolía, a menudo se presenta como un intento de frenar el acceso melancólico y auto-destructivo. Las páginas de los periódicos nos acercan cotidianamente al potencial destructivo de los avatares relacionales de la melancolía.
Muchas obras de la literatura se han centrado en estas tragedias anunciadas desde el inicio, como un fátum inexorable, destino fatal en el cual el melancólico puede arrastrar en ese viaje fascinante hacia la nada a una víctima escogida para tal fin.
La tragedia de Mayerling, muy conocida por la relevancia de los personajes y la repercusión histórica y mediática del caso, sería un claro ejemplo de este tipo de funcionamiento. Rodolfo, el heredero del imperio austro-húngaro, hijo de l