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¡Oh, pena de cauce oculto y madrugada remota!
El sentido de este trabajo apunta a considerar el enfoque psicoanalítico de la melancolía como un instrumento fecundo para la clínica actual. Afirmaba Freud que la melancolía se presenta en múltiples formas clínicas y constatamos hoy como se metamorfosea en las anorexias, adicciones, pasajes al acto… Por ello la estructura melancólica, tal como ha sido definida por Freud y enriquecida por los aportes de otros psicoanalistas, conserva para nosotros un indudable valor metapsicológico y clínico.
Sabemos que se ha definido a la depresión como el mal contemporáneo, como la forma sintomática de malestar más extendida. Por supuesto que nos importa y mucho la forma que adopta el malestar subjetivo en la actualidad, pero no podemos dejar de constatar la ambigüedad del término «depresión», usado a menudo como cajón de sastre, de un modo tan indiscriminado que corre el riesgo de resultar estéril para el trabajo clínico. Por eso considero que la estructura melancólica permite una conceptualización más precisa.
Ahora bien, no nos basta una explicación general de la melancolía, hemos de atender a su especificidad, pues no debemos olvidar que Freud dio un estatuto específico a la melancolía como psiconeurosis narcisista. Ello implica un doble reto para nosotros psicoanalistas: por una parte es preciso contextualizar la melancolía en la cultura y en la cultura actual, ya que es un término preñado de significado histórico-cultural; por otra parte la conceptualización de la melancolía nos exige como psicoanalistas un trabajo creativo, dinámico, para que no quede encerrada en una estructura inamovible y nos abra perspectivas nuevas en nuestro trabajo clínico.