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Hoy en tu exposición clínica, has dicho de entrada que puede ser que haya gente que piense que tu paciente no es una estructura melancólica como tú la consideras. Creo que es una cuestión de la escucha. Yo diría de la «escucha de la escucha»; y quizás mi escucha difiere de la tuya en cuanto a la estructura melancólica, por ello, voy a ir por otro camino.
Creo que el esfuerzo que has realizado en la producción de tu trabajo, incluyendo la melancolía en la historia de la humanidad, merece que hoy le dediquemos tiempo suficiente a la discusión.
Asimismo, al ser tu trabajo tan amplio, se complica tal vez por el uso de tan numerosos autores, más allá de Freud.
Como dispongo de poco tiempo no puedo profundizar el diálogo que tu trabajo exige. Sí quisiera dialogar contigo acerca de algunas cuestiones.
Estoy de acuerdo en la revisión que haces de Freud, también el recuerdo de K. Abraham, que es quien estudió a fondo la melancolía y destacó como tú señalas, la importancia en la melancolía, de la relación precoz madre-hijo/a.
También Melanie Klein, que el duelo es uno de los nódulos de su teoría. De allí nos quedan descripciones extraordinarias: del duelo, de la manía con su correlato de omnipotencia, idealización y negación, la reparación obsesiva, la culpa inconsciente y el fracaso.
Ahora bien, siguiendo a Freud, tú sostienes en tu trabajo, que «en la regresión melancólica se produce una identificación con el objeto resignado», y por todas partes tú insistes, que la identificación narcisista con el objeto es sustituto de la investidura de amor. Por lo tanto es «sustituto» del objeto, no hay pérdida. En este sentido, para evitar confusiones, pienso que hoy sería mejor hablar de identificación narcisista patológica alienante.
La cuestión de la identificación, al ser conceptualizada en sus orígenes desde la patología, deja ciertos puntos oscuros y confusos. Porque hoy sabemos,