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EL DUELO forma parte del desarrollo del individuo humano y supone un trabajo mental para la elaboración de pérdidas (vividas como abandonos).
Ahora bien, los duelos pueden ir acompañados de estados mentales melancoliformes presididos por sentimientos del tipo: añoranza o nostalgia del objeto que pueden ser muy dolorosos si acontecen en estadios muy tempranos del desarrollo o regresivos. Pero quiero resaltar que tienen un carácter de transitoriedad, son pasajeros, y de naturaleza benigna; acompañando al duelo o a experiencias creativas, tal como podemos apreciar en la música o en la literatura.
Otra cuestión es la melancolía en su vertiente patológica con una organización y un funcionamiento mental anómalos que podemos entender como un sistema defensivo en el que predomina la reacción maníaca. Defensa al servicio de preservar un vínculo objetal de carácter primordial, frágil y amenazado con la catástrofe (la pérdida del objeto amenaza con la catástrofe psíquica). Milagros Oregui cita a WINNICOTT y el derrumbe ante la pérdida del objeto.
¿Y qué características podríamos destacar de este funcionamiento mental del melancólico?
IDEALIZACIÓN DEL OBJETO: para el melancólico el objeto adquiere el carácter de objeto idealizado con características de objeto primordial, único, imprescindible, no contingente. Esta idealización va a ir acompañada de una ESCISIÓN RÍGIDA y de una IDENTIFICACIÓN PRIMARIA.
Con sus lamentaciones el melancólico golpea incansablemente sobre aquel que se detiene a escucharle. La supuesta víctima, el sujeto de las lamentaciones, se transforma en verdugo. Los autorreproches formulados para caer sobre el yo, en realidad van dirigidos hacia el objeto perdido y es que el ODIO AL OBJETO se descarga sobre el yo identificado con el objeto. Además el objeto idealizado alimenta expectativas no satisfechas que generan frustraciones y avivan este odio.