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En primer lugar quiero agradecer a la organización del Simposio haberme dado la oportunidad de participar activamente en él, permitiéndome aportar alguna reflexión a este importante tema.
Así mismo quiero agradecer a nuestro ponente C. Sopena su profunda y estimulante presentación, su interesante recorrido y revisión de las diferentes teorías sobre el trabajo del duelo.
La capacidad de hacer duelos representa, claro está, un logro fundamental en la vida de todo individuo, ya sea para la elaboración del traumatismo debido a la pérdida de un ser querido, como también para la elaboración de las renuncias narcisistas que se presentan durante el desarrollo. Por otra parte los procesos de duelo que se ponen en marcha en las separaciones de los objetos vividos narcisísticamente, estimulan los mecanismos que constituyen al sujeto en su evolución vital, y, así, son modelo de todo cambio y desarrollo psíquico y por lo tanto un factor esencial del proceso psicoanalítico.
Parte Carlos de Freud, y nos recuerda que éste lo plantea como un trabajo de rememoración, resaltando para esta necesaria reorganización interna, el solitario y progresivo trabajo de retiro de la libido de las representaciones del objeto. Pienso que en este sentido se trata de una elaboración sobre lo que ya tiene representación. En Freud se destaca la dimensión de los recuerdos, es decir del pasado. Yo estoy de acuerdo contigo en cuanto a las dudas sobre si es posible e incluso deseable el completo desinvestimiento de objeto.
Por otra parte, como nos recuerdas, Freud en su carta a Binswarger expresa una opinión diferente, en este caso se trata del duelo por una hija —pérdida que para J. Allouch es el modelo del duelo— Freud escribe: «permaneceremos inconsolables pues la pérdida será para siempre irremplazable […], en el fondo esta bien que sea así es la única manera de perpetuar el amor que no se quiere abandonar». Pienso que no se trata aquí de un duelo sin fin, pero,