You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Durante años de práctica psicoanalítica con pacientes somáticos he tratado de dar forma teórica a la siguiente impresión contratransferencial, que consiste en que algunos pacientes somáticos crónicos tienen un fondo melancólico. Como ustedes saben, cuando uno de nosotros estudia un fenómeno psíquico encuentra éste en otros pacientes. Así esta impresión de la existencia de un núcleo melancólico oculto por otras patologías, además de observarlo en algunos pacientes somáticos crónicos, lo he encontrado en pacientes con dolores crónicos inespecíficos y en algunos aficionados al deporte extremo y doloroso.
La melancolía es una estructura de una enorme complejidad, que han tratado de mostrar las ponencias de esta mañana. Por ello, todas mis referencias serán a aspectos, necesariamente parciales, de la estructura.
La idea de pensar en que diversas patologías pueden ser otras formas de melancolías no típicas ya está en Freud. En el «Manuscrito G» de 1895, compara la anorexia nerviosa con la melancolía, escribe: «La famosa anorexia nerviosa de las niñas jóvenes me parece una melancolía en presencia de una sexualidad no desarrollada».
Otro autor Claude Smadja, en la ponencia del Congreso de psicoanalistas de lengua francesa de 1998, sobre la vida operatoria, llega a hablar de una melancolía sin objeto, ya que considera que hay dos formas de melancolía, una forma clásica, en la que interviene el objeto, y que responde al cuadro habitual de la melancolía, y otra forma sin objeto que recubriría una u otras formas clínicas, y, le cito que «se inscribe exclusivamente en el marco de una afectación narcisista del Yo».1