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Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.
Voy a presentar una propuesta metapsicológica. Ulteriormente (en otra publicación) la pretendo utilizar como base para intentar comprender una secuencia clínica con un paciente diagnosticado de esquizofrenia y aprehender el sustrato psicopatológico deducible de la misma. El esquema es fundamentalmente freudiano, aunque pretendo integrar aportaciones parciales de autores posteriores que ayudan a enriquecer nuestra comprensión.
Posiblemente la mayor originalidad estribe en el rescate de los conceptos de representación-palabra, representación-cosa y signos de percepción, que ocupan un lugar muy marginal en muchos de los post-freudismos. Tales conceptos fueron definidos por Freud en el estudio de las afasias, en el terreno de la neurofisiopatología. Sin embargo, luego pasaron a constituir piezas fundamentales en la construcción de su metapsicología, ya en un terreno puramente psicoanalítico.
Gran parte de los autores encierran y olvidan al Freud «neurólogo» en el mismo cajón del armario en que se abandonó su Proyecto y su correspondencia con Fliess. Sin embargo, en su revisión metapsicológica entre 1915 y 1917, en el texto Lo inconsciente (1915a) Freud pone en el corazón del concepto de represión el vínculo entre la representación-palabra y cosa y apunta ciertas intuiciones para la comprensión de la psicosis. En el segundo de los dos textos fundamentales de su giro de los años de 1920, El yo y el ello (1923), en el esquema del capítulo II se resalta claramente el «casquete auditivo» y Freud especifica que «según el testimonio de la anatomía del cerebro, lo lleva sólo de un lado». En el capítulo V se habla de la formación en dos tiempos del superyó, siendo el segundo tiempo la herencia del complejo de Edipo. Más adelante propone que, si