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Nos parece de gran importancia introducir en la revista de la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM) un número dedicado exclusivamente a la Psicosomática. Primero para incidir en las convergencias y analogías con el psicoanálisis, y posteriormente para mostrar que las diferencias de matices teórico/clínicas pueden ser útiles y facilitar la reflexión y el estudio, tanto en una como en otra disciplina.
Se considera que la medicina psicosomática investiga en aquellas enfermedades que se manifiestan a nivel somático pero que son la expresión de un conflicto mental. Mencionar un conflicto es simplificar, hablamos de traumatismos, duelos no resueltos, heridas narcisistas. Hablamos en definitiva del sufrimiento humano que no se puede representar ni elaborar por deficiencias del aparato mental. En unos casos se producen pérdidas de funciones aunque éstas sean transitorias, en otros son déficits estructurales, reversibles o irreversibles.
Requiere esta presentación una introducción histórica para evocar los dualismos entre lo psíquico y lo somático ligados a los primeros estudiosos, ya que éstos produjeron inhibiciones y estancamientos teóricos y, en consecuencia, clínicos. Frecuentemente estas inhibiciones del pensamiento residieron, como acertadamente comenta , en el método de aplicar el psicoanálisis al campo médico, en vez de situarse como psicoanalistas ante la enfermedad.
Frente a la dicotomía entre lo psíquico y lo somático que impregnó la medicina del siglo XIX, el psicoanálisis nos facilitó una teoría más amplia y global sobre la vida de los seres humanos. Señalamos que la historia de las primeras investigaciones en psicosomática tiene como base los trabajos primordiales de Freud y la evolución de su pensamiento. El principio de la unidad para Freud fueron las pulsiones sexuales. Este soporte teórico clínico freudiano es el que da fundamento y cohesión a la unidad somatopsíquica, pues son las pulsiones las que articulan el psiquismo con lo somático.
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