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Este artículo pretende reflexionar sobre algunos aspectos clínicos, ligados a la interacción, que afectan de manera directa la vida de los niños que han desarrollado una patología del espectro autista o una patología psicosomática, y también estimular el esfuerzo por ampliar nuestra comprensión sobre el mundo emocional del niño autista y sobre la situación emocional en la que, en algunos casos, puede encontrarse su familia, con el fin de investigar modelos de intervención psicoterapéutica, más eficaces.
Es bien sabido que la psicopatología temprana encuentra en la psicoterapia conjunta de la díada y de la tríada uno de sus más valiosos recursos terapéuticos cuando ésta es practicada por psicoterapeutas, psicólogos clínicos, psiquiatras y psicoanalistas, no sólo formados en el campo infantojuvenil sino también, y de manera especial, adiestrados en la compresión y el abordaje psicoterapéutico de la psicopatología perinatal.
Pero, ¿es posible también realizar una aportación eficaz, desde el marco de la prevención y de la psicoterapia de la tríada padre-madre-niño, en la patología del espectro autista, como lo viene siendo en la patología psicosomática y en otros trastornos de aparición precoz?
¿Qué concepciones teórico-clínicas pueden guiar nuestra intervención? ¿En qué medida es correcta la representación de un niño insensible ante los afectos ajenos, desconectado de la realidad externa, que no participa ni resulta