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El 30 de noviembre de 2010 murió Carlos Paz. Murió con las botas puestas; la muerte le encontró como siempre trabajando. Su abrupta muerte nos conmovió y sobrecogió a todos; sobrevino cuando aún no se había apagado el eco de su voz en el diálogo abierto en el último Simposio de la Sociedad. Sabíamos que lidiaba con su corazón hacía años, pero siguió con coraje y generosidad su trabajo hasta su último día.
Quisiera que este encuentro científico en su memoria le rindiera homenaje fundamentalmente como psicoanalista, clínico, teórico, investigador.
Carlos Paz comenzó su aventura psicoanalítica en Buenos Aires, en los años cincuenta, en el Instituto psicoanalítico de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires, en un momento de máximo desarrollo del pensamiento psicoanalítico en ese país. En 1963 fue nombrado miembro asociado con un trabajo en el que ya aparece uno de los temas nodales de su interés dentro del psicoanálisis. «Ansiedades psicóticas en el paciente borderline». En 1968 fue nombrado miembro titular, siendo nombrado didacta a los pocos años.
Además de su trabajo clínico como psicoanalista, fue profesor de psicopatología y psiquiatría en la Universidad del Litoral de Rosario. Realizó psicoterapia de grupo en el servicio de psiquiatría del Policlínico Alejandro Posadas, servicio que creó hasta que fue disuelto por la dictadura. En el Hospital Pirovano llevó a cabo una interesante experiencia con grupos Balint. Participó en el centro Racker de la APA, siempre con pacientes con patologías límite.
En 1970 se casó con Teresa Olmos, con la que compartió su vida y su pasión por el psicoanálisis.
En 1978 ante la enrarecida situación política argentina y la falta, cada vez más asfixiante, de libertad, Carlos y Teresa deciden venir a España. Teresa me contaba que el día que su hijo Carlos Javier de 5 años vino del colegio diciendo que había que quemar el cuento «Un elefante ocupa mucho lugar» decidieron que no podían seguir viviendo en Argentina.