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[…] en la vida psíquica nada de lo una vez formado puede desaparecer jamás; todo se conserva y puede volver a surgir en circunstancias favorables como, por ejemplo, mediante una regresión de suficiente profundidad.
La regresión forma parte de los conceptos básicos que utilizamos con frecuencia, sin detenernos a veces en el significado preciso que deseamos atribuirles, lo que acaba por cosificarlos y vaciarlos de sentido.
Robert Barande, en su trabajo exhaustivo de 1965 sobre la regresión la califica de: «Polivalente, incontrolable, responsable de múltiples confusiones, prototipo del equívoco».
Algunos psicoanalistas decidieron incluso obviarla, alegando que se trata de un fenómeno inherente a la situación analítica que favorece su aparición debido a las particularidades del encuadre: posición supina, neutralidad, silencio, supresión de la motricidad y de la visión del Otro…
Se puede admitir esta hipótesis a condición de referirse a la regresión de un paciente con una capacidad suficiente de analizabilidad, en el marco de la cura clásica, en cuyo caso se tratará de una regresión parcial, generalmente al servicio del Yo bajo la égida del Eros y situada en un registro psíquico. Regresión y proceso analítico podrían considerarse entonces como fenómenos paralelos.
Dada la multiplicidad de interpretaciones que se han dedicado a la regresión por las distintas escuelas, he decidido centrarme en un punto de vista particular. Mi elección es totalmente subjetiva y no excluye otros puntos de vista. Depende de mi aprendizaje, de mis maestros, de mis lecturas y de mis «afinidades electivas».