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Pensar el proceso analítico implica conceptualizar los intercambios simbólicos que se dan entre analizando y analista a lo largo de un eje diacrónico. Intercambios que suponen el diálogo entre dos psiquismos. De ahí que mi opción teórica, al abordar la noción de regresión en el proceso analítico, supone ineludiblemente hablar de la regresión en el funcionamiento psíquico de la pareja analítica, en el marco de cada sesión de análisis, y cuya continuidad a lo largo de un eje temporal constituye el proceso psicoanalítico; este último concebido como las sucesivas transformaciones de la representación que paciente y analista se hacen del encuentro.
A partir del supuesto metapsicológico de que los contenidos psíquicos, que porta la pulsionalidad, sufren procesos de transformación progresiva según cierta trayectoria, que se considera normogénica en el primer modelo topográfico, desde lo sensorial al pensar verbal, Freud designa con el término de regresión a un proceso de retorno en sentido inverso.
Mi relectura de los textos freudianos sobre la regresión me hace conjeturar que, si bien Freud empieza conceptualizando el fenómeno regresivo como uno de los procesos que organizan el sueño nocturno, su práctica clínica le lleva a ver lo regresivo menos como un concepto referido al fenómeno onírico per se, sino como uno de los movimientos posibles de funcionamiento mental del primer modelo topográfico, que por deslizamiento se suele llamar «modelo del soñar», del cual el sueño es uno de sus epifenómenos.
Desde este punto de vista la regresión describe este trabajo de retorno en sentido inverso en la intra-subjetividad del analizando, que se pone de manifiesto en sus comunicaciones verbales.