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En la excelente ponencia de Gabriel Sapisochin y en el comentario de Carlos Paz hay un tema en el que quisiera dar mi opinión.
Mauro Mancia, pionero de los contactos de las Sociedades Psicoanalíticas italianas y españolas, partiendo de las neurociencias introduce en el psicoanálisis el concepto de la memoria implícita, no reprimida, llamando la atención sobre sus implicaciones en la relación transferencia-contratransferencia, en sus aspectos preverbales, prosódicos, en la interacción mutua en el diálogo de la sesión psicoanalítica.
Ya en los años setenta, partiendo de la lingüística, algunos psicoanalistas argentinos, encabezados por David Liberman, habían llegado a conclusiones semejantes, sobre la importancia de la prosodia del lenguaje en el diálogo de la sesión psicoanalítica.
En tercer lugar, partiendo de la base del psicoanálisis de la cultura, de la música, en un caso concreto, Rossini, también había llegado a conclusiones semejantes. Cita de un trabajo mío reciente: «en la interacción mutua entre la transferencia y la contratransferencia existe una modulación permanente de la intensidad pulsional, producida por el timbre, el tono, el ritmo de la voz y la prosodia del lenguaje de los dos participantes».
En tres perspectivas diferentes llegamos a una misma conclusión, como en la memoria implícita no reprimida, preverbal, de un funcionamiento arcaico persistente.