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En este taller nos planteamos el síntoma de la enuresis en relación a la regresión. Desde el comienzo dos cuestiones aparecieron en primer plano: por un lado, ¿cómo hablar de «regresión» en un niño, si éste ocupa por derecho propio, el lugar al que acuden los mayores para «regresar»? Y por otra parte, ¿tendríamos que hablar de síntoma, o de trastorno? Para responder a la primera pregunta, recurrimos a D. Winnicott (1954): por entender que, para hablar de regresión no hace falta volver, que «La palabra regresión [puede también] significar simplemente lo contrario de progreso». De esta forma se propuso la posibilidad de trabajar sobre la enuresis, por ser un síntoma privilegiado a través del cual se manifiesta la regresión o el estancamiento en el desarrollo psicosexual en la clínica infantil y por estar muy presente en nuestras consultas.
En cuanto al segundo punto, el grupo discutió sobre la pertinencia para un psicoanalista de focalizar el interés sobre un síntoma. Nos sumamos de nuevo a la postura de : que en su artículo «Sobre la tolerancia al síntoma», afirma que, mientras que el pediatra considera «El síntoma como un reto a su arsenal terapéutico, […] el analista de niños ve en el síntoma una organización de extrema complejidad, una organización producida y mantenida por el valor que tiene». Explica este autor que el niño necesita del síntoma para denunciar los obstáculos que impiden su desarrollo emocional. Así, el analista de niños no se preocupa por curar el síntoma, sino que escucha la llamada de auxilio que esa manifestación supone, para encontrarle sentido a ese síntoma particular, en ese niño particular. Por otro lado, y siguiendo a Silvia