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Freud, en su Historia del movimiento psicoanalítico, expone los motivos para crear una Asociación Psicoanalítica Internacional y, entre ellos, está su deseo de trasladar el centro del Psicoanálisis a una ciudad mejor situada en Europa, donde un profesor universitario le había abierto las puertas. Se refería, obviamente a Zurich y a Bleuler. Es decir, a pesar de una cierta ambivalencia hacia la universidad, donde se le había recibido de una manera fría y donde nunca consiguió ser profesor titular, Freud tenía una idea clara de que, para el desarrollo de la nueva ciencia, era importante ocupar un espacio en el lugar que siempre fue y sigue siendo el alma mater y donde tiene lugar el pensamiento creativo, crítico e independiente en todas las ramas del conocimiento. Se puede decir que la relación entre Psicoanálisis y Universidad es, esencialmente, una relación necesaria, a pesar de la complejidad y mutua ambivalencia que la caracterizan. Los encontronazos y desencuentros de aquel período inicial todavía proyectan sus luces y sus sombras sobre lo que sucedió en los años siguientes y sobre lo que está sucediendo hoy.
Los psicoanalistas, en las décadas siguientes, tomaron actitudes diferentes: un grupo, no sólo participó plenamente en la vida universitaria sino que trató de desarrollar el pensamiento analítico y su práctica, dentro de la Universidad; otro, consideró que las demandas de la Universidad eran incompatibles con la esencia y la verdadera naturaleza del Psicoanálisis y trató de crear réplicas de la Universidad dentro de las Sociedades psicoanalíticas, lo que son nuestros Institutos de formación; y un tercer grupo trató de vivir entre esos dos mundos, aparentemente de conciliación difícil, llevando a cabo, al mismo tiempo, sus actividades psicoanalíticas y académicas. A pesar de las dificultades de esta tercera vía, no deja de ser significativo que los últimos seis presidentes