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[…] El psicoanálisis es aún una ciencia joven, pero lo suficientemente rica en experiencias como para justificar un examen de sus resultados y una evaluación de los éxitos y fracasos del método tal como se ha aplicado hasta el presente, sacando las conclusiones pertinentes… Considerado en su conjunto y sin prejuicios, el psicoanálisis es una ciencia teórica que intenta llenar las lagunas de nuestro conocimiento sobre el determinismo de los procesos mentales. Sin embargo, este problema puramente científico afecta tanto a las bases de la vida cotidiana, a determinados dogmas familiares, intelectuales y religiosos aparentemente intangibles, ocasiona tantos problemas en el círculo de los neurólogos, que no nos podemos extrañar si los psicoanalistas en vez de ser contrastados con datos y argumentos rigurosos hayamos sido acogidos con injurias indecorosas… De esta forma hemos sido arrastrados, muy a pesar nuestro, a un combate en el que la musas callan mientras se desatan las pasiones y en el que se admiten algunas armas que no provienen del arsenal de la ciencia…
Con estas palabras iniciaba Sandor Ferenczi su intervención, el 30 de marzo de 1910, en el II Congreso Internacional de Psicoanálisis celebrado en Nuremberg y donde iba a proponer, por indicación de Freud, la creación de una Asociación internacional de psicoanalistas que agrupara las sociedades y grupos locales de analistas ya existentes, en Viena, Zurich, Berlín y Budapest. Su alocución tuvo lugar, después de la intervención de Freud el primer día del Congreso y la tituló del siguiente modo «Informe sobre la necesidad de una unión más estrecha de los adeptos de la teoría freudiana y proposición para la fundación de una organización internacional permanente».1 Esta propuesta de Ferenczi era el resultado de meses de reflexiones, encuentros y discusiones