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Tras agradecer a los ponentes su ponencia, que nos estimula a pensar con ellos, quisiera hacer una reflexión y, a partir de ella, una propuesta a propósito del «punto oscuro» señalado por los ponentes en relación con la «tercera variedad de escisión patológica» presente en las perversiones.
El «punto oscuro» al que se refieren los ponentes en dicha escisión concierne «una etiología que no es fácil de establecer». Para ellos, el trauma causante de la escisión mencionada por Freud en «Fetichismo» (la vista de la castración femenina) no es la causa sino el efecto de «algo previo» que permanece en la oscuridad.
Mi reflexión intenta dialectizar el referido trabajo de Freud de 1927 («Fetichismo») con otro anterior, fundamental para comprender el mecanismo psíquico de las perversiones: «Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci» .
En este último trabajo, Freud relaciona la génesis de la perversión masculina con el traumatismo psíquico producido en el sujeto infantil por la seducción patológica de la madre: «Todos nuestros varones homosexuales habían mantenido en su primera infancia una ligazón erótica muy intensa con una persona del sexo femenino, por regla general la madre, provocada o favorecida por la hiperternura de la madre misma y sustentada, además, por un relegamiento del padre en la vida infantil».
En una nota de «Tres Ensayos» (p. 131) escrita en 1910 y, por tanto, contemporánea de «Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci», Freud hace un aporte fundamental para comprender el mecanismo psíquico de la homosexualidad: «En todos los casos indagados comprobamos que las personas después invertidas atravesaron en los primeros años de su infancia una fase muy intensa, pero también muy breve, de fijación a la mujer (casi siempre a la madre) tras cuya superación se identificaron con la mujer y se tomaron a sí mismos como objeto sexual, vale decir, a partir del narcisismo buscaron a hombres jóvenes y parecidos a su propia persona, que debían amar como su madre les había amado