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Querido Rafael:
Estoy de acuerdo con tu observación acerca de que pudiera ser una extrapolación excesiva considerar la memoria procedimental (tal cual es descrita por las neurociencias) como ejemplo de lo escindido inconsciente. Lo inconsciente escindido, en efecto, según nuestra experiencia clínica, presenta una riqueza de contenidos afectivos y fantasmáticos que no poseen en sí mismos los contenidos de la memoria procedimental. No se puede considerar, pues, como memoria procedimental todo lo escindido. Pero, eso sí, teniendo siempre en cuenta que muchos contenidos de la memoria procedimental están encindidos de la conciencia, ya que nunca fueron reprimidos como otros contenidos inconscientes.
Con relación a tu idea de lo irrepresentable, que me parece bastante pertinente, quiero traer a colación la diferenciación que hice el día de mi presentación en público de la ponencia (y que ahora incluyo en el texto escrito para publicar en la Revista de la APM) acerca de «lo no representable» y «lo irrepresentable». Lo «no representable» creo que tiene que ver más con la negatividad del proceso representacional, mientras que «lo irrepresentable» se refiere a una condición duradera de imposibilidad de representación, obstruyendo y poniendo serias dificultades, por añadidura, a la pertinencia de cualquier trabajo psicoanalítico. Los casos típicos donde se observa este tipo de material se refiere a patologías que tienen como característica la pura descarga evacuatoria, a veces, en el mismo cuerpo, de cantidades pulsionales o de excitación sexual somática sin ninguna inscripción, ni representaciones en lo psíquico (como p.e. observamos en numerosos trastornos psicosomáticos, actos impulsivos, algunos estados tóxicos de drogodependencia y algunos cuadros alucinatorios agudos).
Permíteme que discrepe respecto a tu observación acerca de las novedades que aporta la tercera tópica. En las tópicas primera y segunda freudianas