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Además de la defensa de la represión o «escisión horizontal» por la que la acción del Yo sumerge en lo inconsciente impulsos demasiado conflictivos, existe la «escisión vertical» (Kohut, 1971) por la que una renegación parcial de la realidad externa o interna divide al Yo. Es este último fenómeno patológico al que solemos referirnos cuando hablamos genéricamente de «escisión». Todos los analistas estamos familiarizados con los escritos de Sigmund Freud de 1905 y 1927 referentes a la escisión yoica en la perversión fetichista que disocia la percepción objetiva consciente de la fantasía desiderativa inconsciente. En 1938a escribió Freud Escisión del yo en el proceso de la defensa, que puede considerarse una continuación de su ensayo de 1927, y quizás fuese en ese escrito, inacabado por cierto, donde explicase de modo más elocuente el conflicto infantil entre el reconocimiento del peligro de la castración y el deseo de una satisfacción sexual, con la consiguiente solución de la escisión. Este proceso psicológico, contrario a la «función sintética del yo» (Nunberg, 1931), fue considerado por Freud (1938a) «refinado […], muy ingenios[o], sorprendente», aunque señaló que el «desgarrón del yo» (Freud 1938a, pp. 3375-3377) resultante producía una patología permanente en la organización mental del individuo. Es más, constituía una patología que «se profundiza[ba] con el paso del tiempo» (Freud 1938a, p. 3375). El precio psíquico a pagar por esta defensa primitiva era una fijación perversa, una falta de cohesión del self, la coexistencia de dos partes divididas de la mente, «subsist[iendo] la una junto a la otra durante la vida entera, sin afectarse mutuamente» (Freud, 1938b, p. 3416), lo que llevaba a fenómenos disociativos y posibles personalidades múltiples. Ferenczi había señalado en 1931 que en este proceso podía hablarse incluso de la génesis de dos instancias psíquicas distintas (cit. en Gutiérrez, 2009).
En el capítulo VIII del Compendio de psicoanálisis, vuelve Freud