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Una de las primeras cuestiones que podemos destacar del texto de Freud es que se trata de un trabajo ordenado y riguroso.
Es un hecho clínico comprobable, especialmente en la neurosis obsesiva, que siendo la negación una marca de la represión no conlleva un levantamiento de lo reprimido.
El sujeto puede hablar, decir todo lo que se le ocurre, tal como sucede en el obsesivo, y pese a que todo está a la vista y al alcance de quien lo dice, no por eso hay un levantamiento de lo reprimido. Éste es el problema clínico del cual Freud arranca y para poder interpretarlo lo va abordar por el lado de una teoría del juicio.
A Freud se le ocurre abordar esto desde el punto de vista lógico, en el mismo sentido que se abordan los juicios categóricos, o los juicios lógicos en general. Lo que va a plantear entonces es el problema del juicio a partir de lo que un juicio implica, a saber: tomar una decisión.
Al plantearlo en término de decisiones, ya no se trata solamente de un problema lógico en el sentido aristotélico del término, puesto que ya hay algo de la participación de un sujeto en la toma de la decisión.
Lo importante es que Freud plantea de inmediato «que no soy yo» quien toma esa decisión sino más bien que es «la función del juicio». La palabra decisión no pertenece al vocabulario aristotélico y para Freud una vez tomada la decisión por parte de la función del juicio lo que se introduce es el yo. Con lo cual aquí el yo aparece en relación con el juicio, y en tal sentido, la aparición del yo se plantea de un modo similar a lo que sucede cuando dentro de una lógica gramatical, se introduce la cuestión del sujeto. Por lo tanto podría plantearse que el «yo» estaría tomado por Freud, más desde el lado de lo que se introduce como del orden del sujeto en una lógica gramatical.