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El deseo de escribir este trabajo proviene de mi experiencia analítica con pacientes, hombres y mujeres, que sufrían severos trastornos en el curso de sus relaciones sexuales: frigidez en mujeres, incapacidad para experimentar intimidad sexual con una pareja o aún consigo mismas durante la masturbación; impotencia en hombres, desde la eyaculación precoz o anorgasmia hasta una falta total de erección, incluso durante la masturbación, donde el pene permanecía flácido y eyaculaban sin experimentar un orgasmo, solo como «un fluir de líquido hacia fuera», sin sensación alguna de una fuerza proyectiva, saliendo desde dentro y entrando dentro del objeto.
Rememorando me di cuenta de que en la mayoría de los casos el resultado del análisis no solo transformó su capacidad para amar sino también la intensidad del placer en sus vidas sexuales. De ahí la pregunta: ¿qué aspectos del proceso analítico parecen haber sido los más efectivos y transformadores en ese respecto?
Hace pocos meses recibí una carta. Cuando abrí el sobre lo que primero apareció fue la foto de la cara de un hermoso bebé recién nacido. Después una nota que decía: «Estimado Dr. Miller este es nuestro hijo, Julien. Cuando lo miro me doy cuenta plenamente del largo camino que he recorrido gracias a usted durante los 9 años de análisis. Cuando fui a verlo por primera vez me hallaba a años luz de la paternidad. Recientemente, Claire y yo hemos decidido casarnos, un capricho. En pocas palabras, somos muy felices».
Estoy seguro de que a muchos de ustedes les han ocurrido experiencias similares, y se podría pensar que estoy siendo un poco meloso al mencionar este final feliz. Voy a empeorar la situación si digo que me conmovió hasta las lágrimas.