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La verdadera virilidad es diferente de la simple masculinidad anatómica, no es una condición natural que se produce espontáneamente por una maduración biológica, sino un estado precario o artificial que los muchachos deben conquistar con mucha dificultad.
La sexualidad infantil es el gran descubrimiento del psicoanálisis y el aporte fundamental de Tres ensayos de teoría sexual (Freud, 1905) es el hecho de que la sexualidad humana comienza en la infancia y se caracteriza por no ser reductible a los modos genitales articulados por la diferencia de sexos.
Asimismo, se constituye como un movimiento complejo de ensamblajes, de resignificaciones, de articulaciones provenientes de los diferentes estratos de la vida psíquica y de la cultura.
Desde la perspectiva psicoanalítica, la sexualidad no se reduce a los modos de ordenamiento masculino y femenino y es necesario establecer la diferencia entre los movimientos deseantes, pulsionales que impregnan la sexualidad a lo largo de toda la vida (tanto genitales como pre-genitales) y aquello que es del orden de la identidad sexual. Es decir los modos como un sujeto se reconoce perteneciendo a uno u otro sexo.
La identidad sexual se posiciona del lado del yo. La identidad de género no basta para recubrir la identidad sexual, es insuficiente para dar cuenta de las formas en que se articula el deseo que se genera en la intersección entre los sistemas psíquicos.
Las diferencias entre hombres y mujeres, marcadas por signos de cultura, no remite de origen necesariamente, a masculino-femenino. Está articulada por la diversidad de signos, y no por la diferencia anatómica.