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Teresa Olmos de Paz ha presentado un sugerente trabajo, que nos proporciona un amplio marco teórico así como impresionantes ejemplos clínicos. Me gustaría expresar mi aprecio por su presentación tan meditada. En general, concuerdo con su conceptualización diferenciada de la sexualidad masculina y solo añadiré algunos comentarios y plantearé algunas preguntas para su posterior discusión.
Si la he comprendido correctamente, Teresa Olmos de Paz diferencia entre sexo, género y sexualización. Considera que el sexo del cuerpo femenino y masculino se halla determinado biológicamente, el género mediatizado parental y culturalmente a través de la asignación de ciertas actitudes específicas del género hacia el cuerpo y la psiquis del infante, y la sexualización resulta de la interacción entre los genitales físicos y el deseo genital en desarrollo. Esta clara diferenciación ilustra cómo la sexualización es un proceso de transformación a través del cual al pene físico, original, determinado biológicamente, que en el comienzo el niño meramente experimenta como una parte de su cuerpo, le son atribuidas características específicas de género y que, por medio de esto, se convierte en una representación psíquica imbuida de placer sexual.
Me pregunto si Teresa Olmos de Paz y yo diferimos respecto de nuestros conceptos sobre la función materna tal y como han sido presentados aquí. Aunque describe a la madre como un estimulador central para la primera etapa de la sexualidad humana durante los cuidados tempranos, me pregunto si la función de la madre juega o no un papel menor en su conceptualización. Escribe que «la función materna es fundamental por cuanto facilita el encuentro con un tercero; el primer paso hacia la constitución de la masculinidad en el niño». Estoy completamente de acuerdo con su aseveración que