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De entrada deseo agradecer a Heribert Blass su prolija y profunda lectura de mi trabajo. Me complace coincidir con él en muchos aspectos de lo planteado por mí y aprecio también sus posibles discrepancias o preguntas.
H. Blass se pregunta si hay una diferencia respecto de nuestros conceptos de la función materna. Parte de una cita de mi trabajo donde digo… «pero es fundamental la función materna entendida también (subrayo aquí también) como la que favorece el encuentro con un tercero, el primer paso hacia la constitución de la masculinidad en el niño».
Si bien en esta presentación describo algunas de las funciones maternas, como estimulador central para la primera etapa de la sexualidad humana durante los cuidados tempranos; creo que la función materna juega un rol fundamental en la estructuración psíquica del niño.
Asimismo, pienso que la actitud de la madre es crucial para la constitución de la masculinidad y en relación a la pregunta sobre el significado que el pene del niño adquiere para la madre, no es simplemente adicional, es una cuestión clave.
También, sin lugar a dudas, no solo es necesario que la madre facilite desde su función el encuentro de su hijo con el padre real, sino también es esencial para que este hecho se produzca, que la madre tenga una representación en su mundo interno de la relación con su propio padre.
En este sentido, concuerdo con el planteo de Thomas Ogden, a quien alude
H. Blass, cuando sostiene que es la imagen y la relación inconsciente de la madre con su padre lo que primariamente confiere significado psíquico al pene de su hijo.
También mi acuerdo es total que para un desarrollo masculino, como dice H. Blass, la madre pueda imaginar al hombre futuro en el que su bebé masculino se convertirá.
La madre imagina al infans desde antes de nacer, como ese hombre futuro en que se va a convertir. Esa función materna que Piera Aulagnier (1975) designó como «sombra hablada». El niño primero es identificado «por» y luego se identifica «a».