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El término «perineurótico» pretende designar clínicas intersticiales que no son ni psiconeurosis, incluso poco estructuradas, ni estados límites, incluso edipificados, ni trastornos identitarios controlados por los procesos neuróticos de la personalidad de base o de supervivencia, sino configuraciones pregenitales, condensadas alrededor del Edipo infantil en detrimento del Edipo pubertario y cuyas defensas somatopsíquicas como el paso al acto y la excitación sensorial están al servicio de la conflictualización y de la organización del fantasma pulsional.
Una niña de aproximadamente cinco años repite incansablemente un escenario de excitación dolorosa, sentada al mando de un avión que sube y baja en un pequeño tiovivo de la ciudad. Bajo la mirada tranquila de su madre —una mujer corpulenta y dulce de desplazamiento lento— y bajo la protección ligeramente divertida de su padre —un hombre de tipo tónico y seco en el plano muscular, bien presente pero ligeramente retirado — la niña parece «pegarse un viaje»: en cuanto arrancan el tiovivo y su música aturdidora, atranca las rodillas en los huecos de la cabina hasta hacerse daño, se inmoviliza y sus facciones se ensombrecen bruscamente deformadas por la crispación. En la siguiente secuencia, una catástrofe parece abatirse sobre su pequeño cuerpo que, ora se retuerce como si se consumiera bajo el efecto de un calor ardiente, ora se echa