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El tema de nuestro simposio de este año me atrajo desde el primer momento, por eso me ofrecí a la Junta Directiva para presentar una de las ponencias. Hace ya tiempo que noto que flota entre nosotros una especie de pesimismo sobre el futuro de nuestra profesión. Sin embargo, en mi práctica clínica yo sigo percibiendo que nuestra disciplina científica es de enorme utilidad para muchos de los pacientes que demandan atención.
Desde que la APM fue aceptada como sociedad componente de la IPA al presente, se puede observar que la atención en salud mental ha experimentado una fuerte transformación para bien y para mal. Los servicios de salud mental que en aquella época se reducían prácticamente a los sanatorios psiquiátricos y a algunas consultas, tanto públicos como privados. La psicología hacía poco que había pasado de ser una especialidad dentro de la carrera de filosofía y letras a ser una carrera autónoma. Empezaban a salir un número cada vez mayor de licenciados en psicología, pero no había ningún dispositivo de formación de post-grado. Un grupo de psiquiatras y psicólogos de aquellas unidades de psiquiatría se interesaron por el psicoanálisis y ejercieron un papel bastante importante en su renovación, al mismo tiempo que integramos los primeros grupos de analistas formados enteramente en España. Creo que esto supuso un enriquecimiento recíproco importante que no sé hasta qué punto se ha valorado realmente. Yo creo que a finales de los 70 y comienzos de los 80 hubo un periodo de cierto entusiasmo con relación al psicoanálisis y que fruto de ello fue el enorme crecimiento de nuestra institución en esta época.