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«Cuando esa cabeza se raje, cuando esa cabeza estalle. Será la flor, el nuevo Narciso, Gala, mi narciso»
Desde hace más de medio siglo, psicoanalistas de todo el mundo han mostrado un gran interés por comprender la dinámica intrapsíquica e intersubjetiva que subyace a las manifestaciones clínicas que presentan los pacientes englobados bajo el epígrafe trastorno límite de personalidad, también denominado trastorno borderline, y por las dificultades técnicas que afrontaban durante el proceso psicoanalítico de estos pacientes.
La prevalencia media de este trastorno se sitúa en torno al 2%, con mayor presencia en mujeres (3/1), constituyendo entre el 10 y el 20% de los pacientes que acuden a las consultas ambulatoria de los centros de salud mental.
La identificación y descripción clínica del trastorno borderline está íntimamente ligada a la práctica clínica del psicoanálisis. En el siglo xix el psiquiatra C.H. Hughes popularizó el término borderline, pero fue el psicoanalista americano A. Stern quien, en el año 1938, describió los síntomas que se agrupan bajo el epígrafe trastorno borderline, las particularidades del vínculo transferencial que establecen y las frecuentes