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El abismo entre psicoanálisis y psicoterapia es tan profundo en el pensamiento de los psicoanalistas que cualquier intento de reexaminar la relación entre las dos técnicas suele caer bajo la sospecha de ser un intento de socavar la singularidad del psicoanálisis. He considerado que esto es cierto aun en el caso del re-examen que propongo y a pesar del hecho que su conclusión última sea que el abismo entre ambos, tal como voy a sugerir que sean definidos y practicados, es todavía mayor de lo que se suele considerar. Acaso ello se debe a que corro el riesgo de caer en una considerable confusión al tratar con dos temas importantes por separado en este trabajo. El primero supone la reconsideración de cambios sugeridos en los criterios intrínsecos por los cuales el análisis suele definirse. El segundo es el argumento de que los cambios en mi conceptualización de los criterios intrínsecos extienden significativamente el alcance de los criterios extrínsecos dentro de los que estos criterios intrínsecos pueden ser cumplidos.1 De modo que, en primer lugar, se podría considerar que abandono el psicoanálisis debido a los cambios en la conceptualización de los criterios intrínsecos que propongo y, en segundo, que dejo a un lado la distinción entre psicoanálisis y psicoterapia porque para muchos esa distinción está basada en la necesaria pero insuficiente diferencia entre los criterios extrínsecos de las dos técnicas.
No puedo limitarme a una discusión sobre mi visión cambiada respecto de la relación entre psicoanálisis y psicoterapia, y mi concepto de que la técnica