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Hace casi cuatro décadas, cuando vine a vivir a Europa, me invitaron a una reunión y tuve que elegir entre participar en un panel sobre «Psicoanálisis y Psicología» o en uno sobre «Psicoanálisis y Psiquiatría». Vacilé entre ambas opciones porque me hubiera gustado participar en un panel virtual a medio camino entre ambos, a saber, en uno titulado «Psicoanálisis y Psicoterapia». Me sentí incapaz de separar la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia de su vínculo con el psicoanálisis según su relación con consideraciones culturales, institucionales o ideológicas. Fueron dichas dificultades que dieron lugar a un prolongado proceso de reflexión que me gustaría plantear aquí. Me tomaré la libertad de referirme a mis propias experiencias personales.
La situación mencionada más arriba, relacionada con la elección entre los dos paneles, supuso unas reflexiones iniciales acerca de qué disciplina o profesión tenía mayores derechos a aspirar a una proximidad con el psicoanálisis y por qué. En la mayoría de países, la formación de los psiquiatras y psicólogos es distinta y al principio existía una diferencia clara entre la psicoterapia y el psicoanálisis, basada en principios conceptuales muy generalizados acerca de la especificidad del método psicoanalítico. La psiquiatría —en su mayoría organicista— era considerada como más alejada del psicoanálisis, mientras que la psicología como disciplina parecía encontrarse más próxima a las emociones y los conflictos humanos, y por ello, al psicoanálisis. Semejante enfoque superficial pasaba por alto la complejidad y la variedad de áreas específicas dentro de la propia psicología.