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El debate sobre psicoanálisis y psicoterapia psicoanalítica tiene una larga historia y una bibliografía inabarcable. Mientras algunos autores piensan que son dos conceptos que describen un mismo método, otros creemos que se trata de procedimientos diferentes que se apoyan en una base teórica común. Para clarificar la exposición me referiré al psicoanálisis, como el tratamiento de alta frecuencia (cuatro o cinco sesiones por semana), el uso del diván, un tiempo indefinido, el énfasis en la interpretación de la transferencia, etc. Por psicoterapia psicoanalítica entiendo un abordaje de menor frecuencia (una o dos veces por semana), relación cara a cara, un tiempo, en principio, igualmente indefinido e interpretaciones que sin eludir la transferencia no la enfatizan como en el análisis. Esta definición puede ser discutida, pero es necesaria como punto de partida para incorporar matices o criterios diferentes.
Estos criterios no garantizan por sí mismos que se desarrolle un proceso psicoanalítico, ni que una frecuencia menor no pueda favorecer un insight bastante amplio. Pero la existencia de zonas de superposición no debe impedir la definición de extremos claros que nos permiten hablar de métodos diferentes. Los criterios mencionados son necesarios pero no suficientes, para definir un método u otro. A lo largo del trabajo iremos mencionando otros aspectos relevantes.
La definición conceptual es fuente de conflictos. Por su propia esencia, toda definición limita, porque crea un campo en el que se incluyen o se excluyen algunas formas de operar. En un artículo reciente R. Blass exponía