You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Desde mi perspectiva, la respuesta a ambas cuestiones planteadas en el título de este artículo es «Sí». De hecho, quizá ahora más que nunca. La introducción de programas separados de formación en psicoterapia en los Institutos fue iniciada en respuesta a la falta de una formación psicodinámica en la mayoría de los campos de la salud mental y como una puerta para los candidatos. Sin embargo, lo que enseñamos más a menudo como psicoterapia es una pálida versión del psicoanálisis, de manera que se desdibujan importantes distinciones entre los métodos. Media un gran abismo con lo que Kernberg (2012, p. 708-709) reclamó recientemente al desarrollar «psicoterapias psicoanalíticas para pacientes severos, no psicóticos, no orgánicos para los que no está indicado el psicoanálisis estándar…». Aquí tenemos una perspectiva bien pensada sobre lo que la psicoterapia puede proporcionar que es diferente del psicoanálisis. En lo que resta de este artículo, examinaré esta cuestión desde un lugar diferente, a saber, «cómo las metas y los métodos del psicoanálisis difieren de los de la psicoterapia psicoanalítica».
Recientemente, con el propósito de celebrar el aniversario de un prestigioso Instituto de Psicoanálisis, se organizó un programa en torno a la psicoterapia psicodinámica. Su objetivo manifiesto fue identificar las «áreas en común que unen todas las modalidades desde la psicoterapia de apoyo al psicoanálisis». Esto me llevó a imaginarme yendo a una conferencia psicoanalítica, donde encontraría manifestantes con carteles diciendo «Los psicoanalistas son elitistas», pero luego, cuando miraba más de cerca, me sorprendía al ver que eran mis colegas psicoanalistas los que llevaban esos carteles. Cuando entraba, advertía que había más psicoanalistas afuera llevando esos carteles que asistiendo a la