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Históricamente, siempre fue importante definir qué es el psicoanálisis. Antes de la Primera Guerra Mundial el psicoanálisis rivalizaba con las terapias de sugestión asociadas a los nombres de Charcot, Bernheim y Janet. Aunque Freud estudió con Charcot en París, se desligó, especialmente después de la muerte de Charcot en 1893. En este momento estaba muy claro qué era el psicoanálisis y qué se consideraba una terapia de sugestión en Francia. El psicoanálisis implicaba ahondar en la mente para averiguar lo que ya se encontraba allí pero que estaba causando problemas. Primero Breuer —y luego junto con Freud (Breuer & Freud, 1893)— consideró que el problema ya era conocido para el paciente y que debía ser extraído de su mente.
Por el contrario, las terapias de sugestión estaban basadas en la idea de que algo faltaba en la mente del paciente. Las asociaciones correctas no se habían producido y por lo tanto la terapia consistía en reemplazar lo que faltaba y en intentar instalar las asociaciones del terapeuta en el lugar dónde faltaban las del paciente. La sugestión utiliza la autoridad del médico para ejercer influencias benéficas sobre el paciente, e introducir pensamientos correctos en su mente. Característicamente, la sugestión es una terapia intrusiva, mientras que el psicoanálisis es una terapia de «extracción» o expresiva. La diferencia entre una terapia de descubrimiento y una de reemplazo es clara. Todavía distinguimos entre una terapia basada en el insight y un método de reeducación.