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En 1919 Freud se expresaba en los siguientes términos respecto a la aparición de otras terapias derivadas del psicoanálisis:
Es muy probable que la aplicación en gran escala de nuestra terapia nos obligará a la aleación del oro puro del análisis con el cobre de la sugestión [Freud, 1919, p. 168, traducción mía].
Parece que los tiempos han dado la razón a Freud y el proceso de esclarecimiento de las causas del sufrimiento psíquico que desarrolló, se está viendo acompañado si no sustituido por diversas modalidades psicoterapéuticas que inspiradas en el psicoanálisis se alejan de este en mayor o menor grado, con el objetivo de cubrir las necesidades terapéuticas de pacientes considerados no abordables por el modelo psicoanalítico clásico. Efectivamente, la profecía se está cumpliendo y se propone que el insight necesita de aleaciones para adecuarse a los «pacientes actuales».
El problema tiene en nuestros días una complicación adicional derivada de la dilución de las fronteras entre psicoanálisis y psicoterapia, porque al haber perdido el psicoanálisis no sólo un modelo teórico y técnico único sino un common ground en el que todos los psicoanalistas se encuentren, resulta aún más azaroso definir con claridad cuándo realmente un esquema referencial ha traspasado las fronteras del psicoanálisis para ingresar en el vasto e indefinido territorio de la psicoterapia. Por tanto, es imprescindible en estas circunstancias que cada analista tenga internamente trazada una línea de demarcación, tal como hizo Freud, que separe lo más claramente posible psicoanálisis de psicoterapias.
Entiendo por psicoanálisis el esclarecimiento del mundo interno tal como este se externaliza en la transferencia de cada sesión a lo largo de un proceso psicoanalítico. De acuerdo con esto, lo que Bion escribió al respecto, lo tengo