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Los comienzos de un nuevo siglo son siempre convulsos e inquietantes, más aún si con ello comienza o termina un milenio.
Aunque ya nos parece lejano —el tiempo pasa muy rápido y el olvido hace bien su trabajo— no nos será difícil recordar la polémica que se estableció hacia finales de 1999 acerca de si a las 12 de la noche del 31 de diciembre de ese año terminaba el siglo XX y comenzaba el siglo XXI, o si eso no ocurriría hasta un año después, en la medianoche del 31 de diciembre del año 2000. La polémica no tenía solución satisfactoria, pero un hecho decantó que la mayoría de las personas vivieron aquel momento (las 12 de la noche del 31 de diciembre de ) como el paso de un siglo a otro. Fue el famoso, y ahora ya olvidado, «efecto 2000», que traía profecías cuasi-apocalípticas: a esa hora los ordenadores y los sistemas informáticos de todo el planeta se detendrían, enloquecerían, volverían a 1900…, En suma, el mundo, al menos el mundo civilizado y tecnológico, podría entrar en un caos. La verdad es que no pasó nada de todo aquello y, al menos de momento, aquí seguimos. De manera menos apocalíptica puesto que no es lo mismo un cambio de siglo que un cambio de milenio, Freud también vivió una polémica similar en 1899. Él se alineó claramente con los partidarios de que en la medianoche del 31 de diciembre de aquel 1899 terminaba el siglo XIX y comenzaba el siglo XX (Gould, 1998). Probablemente por eso ordenó a su editor que fechara en 1900 La interpretación de los sueños, pese a que se había publicado el 4 de noviembre de 1899.