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El día es diferente de la noche, aunque exista el crepúsculo.
En este trabajo trato de ampliar las reflexiones expuestas en otra publicación (Pérez-Sánchez, 2012a) sobre un tema que sigue siendo polémico: la diferenciación entre psicoanálisis y psicoterapia psicoanalítica. Y lo es entre otras cosas, porque enseguida remite a la definición del psicoanálisis, lo que parece ser un tema tabú. Pero es inevitable seguir profundizando en este debate si queremos que el psicoanálisis tenga su especificidad, y, en consecuencia, también la psicoterapia.
Hay varias cuestiones mencionadas por la mayoría de autores que tratan el tema y con las que estoy de acuerdo: 1) la psicoterapia es un procedimiento terapéutico cuyos fundamentos teóricos arrancan de la teoría psicoanalítica, que comparte con el psicoanálisis; 2) hoy día, ya no se sostiene la metáfora freudiana del «oro» (el psicoanálisis) y el «cobre» (la psicoterapia); la psicoterapia psicoanalítica no es de categoría «menor» que el psicoanálisis, pues es el método de elección para muchos pacientes; 3) la psicoterapia psicoanalítica forma parte de la práctica diaria profesional de la mayoría de psicoanalistas de hoy día; y 4) probablemente, la psicoterapia psicoanalítica realizada por un psicoanalista formado, con experiencia de psicoanálisis personal y práctica de tratamientos psicoanalíticos puede ser de mayor alcance que la llevada a cabo por un psicoterapeuta que no tenga ese bagaje; a condición de que el psicoanalista que usa el método psicoterapéutico no aspire a alcanzar preferentemente objetivos analíticos.