You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Cuando pensamos en el desarrollo de nuestra vida en el tiempo, nos damos cuenta de hasta qué punto es importante estar atentos al momento presente con el fin de vivirlo intensamente. En efecto, cuando pensamos en el conjunto de nuestra vida, tomamos a menudo conciencia de que ciertos breves instantes vividos intensamente, como aquella pequeña frase o aquella reacción anodina en apariencia, han animado toda nuestra existencia, ya que condensaban una toma de conciencia que iba a permanecer soterradamente presente toda nuestra vida.
Voy a ilustrarlo relatándoles lo que Marcelle, una mujer de setenta y dos años, me contaba:
Yo tenía seis años y desgranaba guisantes con mi abuela, que, en aquella época, me parecía muy mayor. Me oigo entonces preguntarle: «Si te anuncian que te vas a morir en un cuarto de hora, ¿qué haces?». Mi abuela me miró con atención y me respondió: «Seguiría desgranando guisantes contigo».
Marcelle añadió:
Esta frase, todavía hoy la recuerdo con precisión; sin que haya pensado en ella verdaderamente, me ha acompañado toda mi vida. Abría la puerta a un mundo que yo no podía sentir entonces, y sobre el cual intento ahora poner palabras.