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«Il n'y apas de sexualité normale»
(Una sexualidad normal no existe).
«Sin sexo no hay sociedad, pues no hay procreación, pero el sexo también amenaza la sociedad. Como el dios Pan es creación y destrucción».
El mundo pulsional que consiste en darle un destino psíquico a las energías somáticas, en «una exigencia de trabajo que es impuesta a lo anímico a causa de su trabazón con lo corporal» (Freud, 1915a, p. 117), acontece en un medio psicosocial, como dice Freud (1923a, [1929]1930, 1939). Sexualidad y sociedad evidentemente han cambiado. Me limitaré a unos pocos ejemplos: desde los años 60, la contracepción ha permitido desvincular a la mujer de su función exclusivamente reproductora, el tabú de la virginidad ha quedado obsoleto, lo femenino empezó a ser cuestionado, en los dos sexos, como hoy tenemos prueba de ello a través de las múltiples reflexiones que atañen a las homosexualidades.
La pregunta en torno a un cambio en la sexualidad hoy implica, para el psicoanálisis, abordar la tensión que se produce entre permanencia del objeto analítico y, eventualmente, cómo el ambiente puede repercutir en la variación de la construcción del concepto de psicosexualidad; pues el psicoanálisis «navega entre dos escollos, el primero que consiste en elevar el inconsciente a nivel de una trascendencia ignorante de las variaciones sociales, el segundo tiende a reducir la realidad psíquica a un simple registro del medio ambiente. De un lado, un universalismo abstracto que se