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Las homosexualidades me han interesado desde hace años. En el entorno familiar y social en el que me he criado se ha vivido la cuestión con mucha normalidad y a lo largo de mi adolescencia y edad adulta he ido contando con muy buenos amigos y amigas homosexuales que han compartido conmigo algunas de sus problemáticas y dificultades, pero también muchos momentos y vivencias de felicidad. Cuando supe que el tema del Simposio se refería entre signos de interrogación a las nuevas sexualidades,1 enseguida lo puse en relación con las homosexualidades. Si bien toda una serie de cambios sociales y tecnológicos permiten que surjan nuevas cuestiones, en realidad, las homosexualidades son probablemente tan antiguas como la propia humanidad.
Asomarse a las homosexualidades puede verse condicionado por un sesgo ideológico,2 es una evidencia. Me siento cómodo y familiarizado con la cuestión, sin ser no obstante un militante de la causa. Estoy fuera pero lo suficientemente cerca, creo que no es un mal lugar para reflexionar y confío en apartar mi ideología todo lo que pueda para pensar con la máxima libertad. Sería ingenuo sin embargo a estas alturas suponer que existiera alguien sin ideología que pudiera pronunciarse desde la objetividad. Por otro lado, nuestra posición de psicoanalistas, opino que ha de restringirse a intentar desde el respeto comprender más en profundidad a quienes acuden a nuestras consultas y poder ayudarlos.3 Ésta es la finalidad principal del trabajo.