You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Elegí tratar las relaciones entre lo intrapsíquico y lo intersubjetivo porque este tema implica desafíos en múltiples niveles. Nadie negará que el solo enunciado de este título evoca un entrecruzamiento de problemas en el centro de la experiencia psicoanalítica de hoy, si no de siempre. Todos estarán de acuerdo en reconocer que el eje de la cura apunta a iluminar lo intrapsíquico, el mundo interior del analizando, pero todos también tendrán que admitir que es la transferencia la que fuerza -empleo este verbo a propósito pues pienso en el recorrido de Freud- al analista a entrar en el juego, metido como está en el proceso psicoanalítico por las proyecciones de que es objeto. Más aún: sólo el análisis de esas proyecciones y de la respuesta que será llevado a darles remitirá su palabra y su acción a la realidad psíquica del paciente. ¿Cómo lo lograría sin hacer participar su propia realidad psíquica? Ese es el sentido, claramente, de lo que se ha denominado «segunda regla fundamental», la necesidad de análisis del analista. En este entrelazamiento de los mundos interiores de ambas partes de la relación analítica, la intersubjetividad toma cuerpo, lo cual no implica la simetría de los protagonistas. Este conjunto al que son llamados los componentes esenciales de la práctica analítica puede también dar materia para un conflicto de interpretaciones. Estas dos dimensiones, en lugar de articularse, pueden volverse objeto de una lucha por la supremacía en la que cada punto de vista, aunque reconoce el lugar del otro, deberá asegurar su preeminencia o incluso instaurar su hegemonía. Veremos también que estos combates tienen sus raíces en un nivel ideológico que no es perceptible de entrada, pero que una reflexión, incluso parcial, termina