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Siguiendo el pulso de nuestros intercambios teóricos y clínicos entre colegas, me ha parecido pertinente volver sobre unas reflexiones realizadas hace algún tiempo pero que considero vigentes, ya que giran en torno a temas centrales de nuestra disciplina que, en mi opinión, deben ser revisitados constantemente en provecho de una mayor riqueza teórica y eficacia clínica.
Uno de esos temas centrales podría nombrarse como la cuestión del padre, que ocupó un lugar importante en la teorización freudiana y sigue siendo objeto de apasionadas discusiones en nuestros días; unas discusiones que afectan no sólo al ámbito de la teoría sino, como consecuencia, a la práctica clínica.
Mi enfoque está enmarcado y se nutre en trabajos de Freud poco frecuentados en la elaboración teórica posterior, como El porvenir de una ilusión, donde aborda temas esenciales para la teoría y la clínica psicoanalítica desde el análisis de fenómenos colectivos o culturales. Especialmente esta obra, en mi opinión, constituye una fuente de recursos para ahondar, ajustar e incluso rebatir ciertos conceptos clásicos, como es el concepto de padre en psicoanálisis. Íntimamente enlazado a las cuestiones de la ética, la ley y la autoridad, el tema podría comenzar a desarrollarse con las frases que siguen, entre muchas otras posibles:
«Si una cultura no ha podido evitar que la satisfacción de cierto número de sus miembros tenga por premisa la opresión de otros, acaso de la mayoría (y es lo que sucede en todas las culturas del presente) es comprensible que los oprimidos desarrollen una intensa hostilidad hacia esa cultura que ellos posibilitan mediante su trabajo pero de cuyos bienes participan en medida sumamente escasa… Huelga decir que una cultura que deja insatisfechos a un número tan grande de sus miembros y los empuja a la revuelta no tiene perspectivas de conservarse de manera duradera ni lo merece» (Freud, 1927, p. 12).