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We shall not cease from exploration And the end of all our exploring Will be to arrive where we started And know the place for the first time.
Es cierto que desde Freud hasta nuestros días el psicoanálisis ha estado a menudo sitiado, de un modo u otro. Y como los bolcheviques, los guardianes del psicoanálisis parecían a menudo no comprender que el mayor peligro no son las ideas erróneas sino las sostenidas rígidamente.
En 1991, en el editorial fundacional de la entonces flamante revista Psychoanalytic Dialogues, afirmaba Stephen A. Mitchell: «Estamos en un punto en la historia de las ideas psicoanalíticas y de la práctica clínica en el que para nosotros existe una particular urgencia en comenzar a superar nuestros problemas de comunicación intradisciplinarios» (Mitchell, 1991, p. 2). Esta revista tuvo, y aún sigue teniendo, esa meta: restablecer el diálogo entre diferentes tradiciones teóricas. En 1999, en su último editorial con el que se despidió como director de la misma y que tituló «Mirando hacia atrás… mirando hacia delante», Mitchell describe lo que considera el comienzo de una nueva era (Mitchell, 1999, p. 717) y los desafíos que ella conlleva. Estos nuevos desafíos requieren retomar las preguntas y cuestiones que la incorporación progresiva de lo relacional como parte indisociable de toda reflexión sobre lo psíquico y lo clínico supone. Esto en parte es debido a que el término relacional se ha convertido en una palabra de moda (Mitchell, 1999, p. 718) y necesita ser constantemente interrogada