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Esta es la pregunta que se están haciendo muchos psicoanalistas. En los últimos 40 años, una serie de revisiones muy controvertidas acerca de la teoría psicoanalítica, especialmente en los Estados Unidos, recurren a conceptualizaciones posmodernas.
Estas reconceptualizaciones tan drásticas han dado la vuelta por completo a la teoría psicoanalítica tradicional, ya que eliminan el concepto de pulsión. En parte, estos conceptos son consecuencia de la reacción ante la rigidez del modelo de la psicología del yo prevalente en los Estados Unidos.
En estas últimas décadas se han visto cambios radicales de los paradigmas en lo que hace al pensamiento psicoanalítico. Cuanto más sabemos, más dudas tenemos sobre nuestro saber. Las certezas de Freud y sus contemporáneos de la era del modernismo han dado lugar ahora a diversas perspectivas. Los posmodernos ya no ven a la teoría psicoanalítica como una hoja de ruta que le permite al analista conocer cómo funciona la mente del paciente. El foco de atención se ha desplazado al proceso del discurso humano. Al analista se lo percibe como profundamente involucrado desde lo subjetivo con la realidad que ha ayudado a crear. El analista posmoderno entiende el psicoanálisis no ya como un método que permite escuchar e interpretar las fantasías, percepciones y certezas del paciente, sino como una tarea de influencia recíproca y significado construido.
La visión positivista del analista ha cambiado. En el paradigma posmoderno él ya no es más la persona que pone el énfasis en la importancia del conocimiento racional, del método científico y que actúa como un observador objetivo interpretando el material clínico del paciente.
Los cuestionamientos en relación con la participación del analista en el proceso analítico se han vuelto cada vez más relevantes. Para agravar esta confusión, Ricoeur (1970) señaló que en los escritos mismos de Freud a veces aparece un discurso contradictorio o